TOKIO — El Gobierno de Japón está modificando su estrategia para frenar la depreciación del yen y planea intervenir de manera sorpresiva en el mercado cambiario, con el objetivo de castigar a los inversores que apuestan contra la moneda, según revelaron fuentes con conocimiento directo del asunto.
A diferencia de episodios anteriores, cuando el Ministerio de Finanzas advertía públicamente sobre una posible intervención, las autoridades ahora buscan mantener el mayor hermetismo posible para impedir que los operadores reduzcan sus posiciones antes de una acción oficial.
Las fuentes señalaron que el Gobierno evitará establecer un nivel específico del tipo de cambio que funcione como «línea roja» para intervenir.
El nuevo enfoque implica que el Ministerio de Finanzas podrá ingresar al mercado de manera inesperada para desarmar posiciones especulativas contra el yen y elevar el costo de apostar por una mayor depreciación de la moneda.
Según las fuentes, el silencio oficial pasó a convertirse en una herramienta de política cambiaria destinada a mantener a los operadores en incertidumbre.
En consecuencia, una futura intervención podría producirse no por alcanzar determinado nivel del dólar frente al yen, sino cuando las autoridades detecten una acumulación excesiva de posiciones especulativas.
«El momento de intervenir siempre es difícil. El objetivo es golpear con fuerza a los especuladores cuando sea necesario», explicó una de las fuentes.
Las fuentes también señalaron que existe una estrecha coordinación entre el Ministerio de Finanzas y el Banco de Japón (BOJ).
Mientras el Gobierno mantiene un perfil bajo respecto del mercado cambiario, la autoridad monetaria continúa endureciendo su discurso sobre los riesgos que representa un yen demasiado débil para la inflación.
El vicegobernador del BOJ, Ryozo Himino, advirtió recientemente que el encarecimiento de las importaciones provocado por la depreciación del yen está impulsando la inflación subyacente.
Otros integrantes del directorio del banco central expresaron preocupaciones similares.
Entre fines de abril y principios de mayo, Japón gastó un récord de 11,7 billones de yenes (unos u$s 72.000 millones) para sostener su moneda.
Sin embargo, aquella intervención fue ampliamente anticipada por funcionarios del Ministerio de Finanzas, lo que permitió a muchos operadores cerrar sus apuestas bajistas antes de sufrir pérdidas importantes.
Las autoridades consideran ahora que esa estrategia redujo considerablemente la efectividad de la intervención.
Por ese motivo, cualquier nueva operación se realizará sin señales previas.
El yen alcanzó esta semana un mínimo de 162,66 unidades por dólar, su nivel más bajo en cuatro décadas.
La decisión final sobre una eventual intervención corresponde al principal responsable de política cambiaria de Japón, Atsushi Mimura, quien desde la última operación evitó realizar advertencias públicas sobre el comportamiento del mercado.
La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, también moderó sus declaraciones y se limitó a señalar que Japón está preparado para «responder de manera apropiada» si fuera necesario.
Dentro del Gobierno existe además expectativa por los próximos datos de empleo de Estados Unidos.
Algunos funcionarios consideran que cifras débiles podrían reducir las expectativas de que la Reserva Federal mantenga tasas elevadas durante más tiempo, debilitando al dólar y dando cierto respiro al yen.
Si eso no ocurre, aumentaría la probabilidad de una nueva intervención oficial.
Otro factor clave será la posición de Estados Unidos.
Las intervenciones cambiarias suelen justificarse únicamente cuando existen movimientos desordenados en los mercados, por lo que el respaldo de Washington resulta importante para Tokio.
Hasta el momento, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, evitó pronunciarse sobre las recientes intervenciones japonesas y, en cambio, insistió en que el Banco de Japón debería seguir elevando las tasas de interés.
Actualmente, la tasa de referencia japonesa se ubica en 1%, muy por debajo del rango de 3,50%-3,75% fijado por la Reserva Federal, una diferencia que continúa incentivando a los inversores a vender yenes para financiar inversiones en activos con mayores rendimientos.
Las autoridades monetarias japonesas también consideran que la política monetaria deberá seguir normalizándose.
El último informe trimestral Tankan mostró que la confianza empresarial alcanzó su nivel más alto en ocho años y que las expectativas de inflación corporativa tocaron máximos históricos, reforzando el argumento para nuevas subas de tasas.
«Las tasas japonesas siguen siendo muy bajas frente a las del resto del mundo. La cooperación del Banco de Japón será fundamental para detener la caída del yen», afirmó Mari Iwashita, estratega de tasas de Nomura Securities.
Con este cambio de estrategia, Tokio busca recuperar capacidad de sorpresa frente a un mercado que, hasta ahora, había aprendido a anticipar los movimientos oficiales y reducir el impacto de las intervenciones cambiarias.

