TOKIO.— La escalada del conflicto en Medio Oriente está cambiando drásticamente el panorama para los bancos centrales asiáticos, que ahora enfrentan un dilema cada vez más complejo entre sostener el crecimiento económico o combatir una inflación que podría acelerarse por el fuerte aumento del precio del petróleo.
Para muchos bancos centrales de Asia emergente, recortar tasas de interés se volvió una apuesta riesgosa. El encarecimiento de los combustibles presiona al alza los precios internos y, al mismo tiempo, la apreciación del dólar —impulsada por la guerra entre Estados Unidos e Irán— aumenta el riesgo de salidas de capital desde estas economías.
En el caso de la India, el banco central podría priorizar el crecimiento manteniendo tasas relativamente bajas, según fuentes citadas por Reuters. Sin embargo, la demanda global por el dólar como activo refugio podría obligar a la autoridad monetaria a intervenir más activamente en el mercado cambiario para sostener su moneda.
“No vemos probable una suba de tasas en el corto plazo en India, porque no esperamos que los precios minoristas de los combustibles suban inmediatamente”, explicó Suvodeep Rakshit, economista de Kotak Institutional Equities.
“La prioridad inmediata del banco central será el mercado cambiario. Esperamos que continúe interviniendo para contener la volatilidad”.
Otros países de la región podrían verse obligados a cambiar su postura monetaria. Según Toru Nishihama, economista jefe de mercados emergentes de Dai-ichi Life Research Institute, Tailandia y Filipinas podrían verse forzados a abandonar su sesgo monetario más flexible incluso cuando el aumento del precio del combustible golpea a sus economías.
“Muchos bancos centrales tendrán que tomar decisiones difíciles bajo presión tanto de los mercados como de los gobiernos”, señaló Nishihama. “Sin un final claro para el conflicto, el riesgo de estanflación aumenta día a día”.
Los mercados financieros ya reflejan esa tensión. Las bolsas asiáticas cayeron con fuerza mientras el dólar se fortalecía como refugio, en paralelo a la suba del petróleo por encima de los u$s 110 por barril, lo que alimenta temores de inflación global y de una guerra prolongada que afecte el suministro energético.
El impacto es especialmente fuerte para economías altamente industrializadas como Corea del Sur y Japón, que dependen del comercio global, de mercados financieros estables y de materias primas relativamente baratas, tres factores que están siendo golpeados por la crisis en Medio Oriente.
En Corea del Sur, el banco central podría adoptar una postura más dura si la inflación se mantiene persistentemente por encima de su objetivo. Kim Jin-wook, economista de Citigroup, indicó que la autoridad monetaria podría endurecer su política si los precios se mantienen cerca de un punto porcentual por encima de la meta oficial.
Aun así, por ahora el banco central surcoreano no parece inclinado a subir tasas únicamente por el aumento del petróleo, ya que las medidas del gobierno para contener los precios de los combustibles podrían limitar el traslado de esos costos a la inflación.
Un dilema global para los bancos centrales
El desafío no se limita a Asia. Los bancos centrales de las economías desarrolladas, incluida la Reserva Federal de Estados Unidos, también enfrentan un difícil equilibrio entre crecimiento, inflación y presión política.
El caso de Japón es particularmente delicado. Según estimaciones del Nomura Research Institute, si el petróleo se mantiene cerca de u$s 110 por barril durante un año, el crecimiento económico japonés podría reducirse en 0,39 puntos porcentuales, un golpe significativo para una economía cuyo crecimiento potencial ronda apenas entre 0,5% y 1%.
A diferencia de otros períodos, el Banco de Japón tiene ahora menos margen para ignorar las presiones inflacionarias, ya que la inflación supera su objetivo del 2% desde hace casi cuatro años. Por eso, analistas creen que la entidad deberá mantener su discurso de futuras subas de tasas, aunque evitando precisar cuándo ocurrirán.
En Australia, el aumento del petróleo también complica la política monetaria. Según Jonathan Kearns, economista jefe de Challenger y exfuncionario del banco central australiano, un incremento prolongado del precio del crudo podría desanclar las expectativas inflacionarias.
“Si las expectativas de inflación aumentan, el banco central tendrá que mantener las tasas más altas durante más tiempo para volver a controlar los precios”, explicó.
En Nueva Zelanda, el desafío es distinto: la economía aún intenta recuperarse del impacto de las subas de tasas anteriores. Por eso, algunos economistas creen que el banco central podría verse obligado a tolerar temporalmente una inflación más alta para evitar un ajuste monetario en medio de una desaceleración global.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió que un aumento del 10% en el precio del petróleo que se mantenga durante la mayor parte del año podría elevar la inflación global en 0,4 puntos porcentuales.
“Estamos viendo nuevamente cómo la resiliencia de la economía global es puesta a prueba por el nuevo conflicto en Medio Oriente”, afirmó Georgieva en un foro en Tokio. “Mi consejo para los responsables de política económica es pensar incluso en lo impensable y prepararse para ello”.

