EUROPA.— Los aliados occidentales que intentan negociar una forma de proteger el Estrecho de Ormuz para el transporte energético enfrentan una realidad contundente: un esfuerzo similar en el Mar Rojo, iniciado años antes, costó miles de millones de dólares y finalmente fracasó frente a los hutíes de Yemen.
La costosa experiencia en el Mar Rojo —cuatro barcos hundidos, más de u$s 1.000 millones en armamento utilizados y una ruta que la industria naviera aún evita en gran medida— pesa sobre el más complejo Estrecho de Ormuz, arteria por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado global, y que ahora está bloqueado por Irán, un adversario más formidable que los hutíes.
Las amenazas de Irán sobre el estrecho y sus ataques a infraestructura energética en países del Golfo dispararon los precios del petróleo en la mayor disrupción de oferta de la historia. Sin la reapertura del paso, la escasez se agravará, impulsando mayores costos para la energía, los alimentos y numerosos productos a nivel global.
“No hay sustituto para el Estrecho de Ormuz”, afirmó el CEO de Kuwait Petroleum, Sheikh Nawaf Saud Al-Sabah, en una videollamada durante la conferencia energética CERAWeek en Houston. “Es el estrecho del mundo, bajo el derecho internacional y la realidad práctica”.
Los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU negociaban el martes resoluciones para proteger el estrecho, con algunos países —como Bahréin— adoptando una postura más firme que autorizaría el uso de “todos los medios necesarios”, lo que podría implicar el uso de la fuerza.
Unos 19 expertos en seguridad y transporte marítimo citados por Reuters que describieron los múltiples desafíos que enfrentan Estados Unidos y sus aliados para proteger el paso. Irán cuenta con fuerzas militares mucho más avanzadas que los hutíes, un arsenal de drones de bajo costo, minas flotantes y misiles, y acceso directo desde su costa montañosa al estrecho.
“Defender operaciones de convoy en el Estrecho de Ormuz es significativamente más difícil que en el Mar Rojo”, señaló el contraalmirante retirado Mark Montgomery, quien participó en 1988 en escoltas de petroleros durante la guerra entre Irán e Irak.
Esto representa una preocupación clave para Donald Trump, que busca justificar la guerra en Irán ante votantes estadounidenses golpeados por la inflación y el aumento del precio de la gasolina, cerca de los u$s 4 por galón. Según analistas, el alza en los precios energéticos no se revertirá completamente hasta que se reabra el estrecho.
Trump ha mostrado ambigüedad sobre el rol de EE.UU.: primero dijo que la Marina escoltaría buques cuando fuera necesario, pero luego sugirió que otros países deberían liderar el esfuerzo. Desde el 28 de febrero, tras los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel, Irán ha bloqueado la mayoría de los buques en este cuello de botella marítimo.
Irán también evalúa cobrar tarifas a los barcos que quieran utilizar el estrecho, según un legislador iraní.
La misión estadounidense para proteger el transporte en el Mar Rojo comenzó en diciembre de 2023, con países europeos sumándose meses después. Aunque los aliados derribaron cientos de drones y misiles, los hutíes hundieron cuatro barcos entre 2024 y 2025. Hoy, las navieras evitan mayormente esa ruta —que representaba el 12% del comercio mundial— y optan por trayectos más largos bordeando África.
“Fue una victoria táctica y operativa, pero un empate estratégico, si no una derrota”, resumió Joshua Tallis, analista naval de la firma CNA.
La zona de riesgo en Ormuz es hasta cinco veces mayor que el área de ataques hutíes en el estrecho de Bab el-Mandeb. A diferencia de los hutíes, la Guardia Revolucionaria iraní es una fuerza militar profesional con fábricas de armamento propias y acceso a financiamiento.
Proteger el estrecho requeriría hasta una docena de grandes buques de guerra, como destructores, respaldados por aviones, drones y helicópteros, debido a las limitaciones de maniobra en el área. La cobertura aérea será clave para enfrentar drones y embarcaciones cargadas de explosivos, que pueden confundirse fácilmente con el tráfico marítimo.
“Un destructor puede interceptar misiles, pero no puede al mismo tiempo limpiar minas, enfrentar enjambres de drones marítimos desde múltiples direcciones y gestionar interferencias de GPS”, advirtieron analistas de SSY.
Analistas creen que combatientes de la Guardia Revolucionaria tienen reservas de misiles y drones ocultas en edificios y cuevas a lo largo de la costa montañosa. En algunos puntos, los drones podrían atacar buques en apenas cinco a diez minutos.
“Hay misiles balísticos, drones, minas flotantes e incluso, aunque se destruyeran esas capacidades, existen operaciones suicidas”, explicó Adel Bakawan.
Las minas marinas y los mini submarinos fuertemente armados representan una amenaza adicional que EE.UU. no enfrentó en el Mar Rojo, señaló Tom Sharpe, comandante retirado de la Marina británica.
“Si pierden un destructor en esto… cambia todo el cálculo. Son 300 personas”, advirtió.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dijo que no hay evidencia clara de que Irán haya minado el estrecho, pese a reportes sobre el despliegue de minas.
Una combinación de desminado, escoltas militares y patrullajes aéreos podría eventualmente restablecer el tránsito, aunque el proceso podría tomar meses antes de reducir la amenaza de la Guardia Revolucionaria, según Bryan Clark.

