CIUDAD DE MÉXICO.— El intento de la presidenta Claudia Sheinbaum de reformar el sistema electoral de México no logró reunir el apoyo necesario para su aprobación en la Cámara de Diputados el miércoles, lo que marca el primer revés legislativo en su agenda de reformas prioritarias.
La iniciativa obtuvo 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención, pero quedó lejos de los dos tercios necesarios para aprobar una reforma constitucional, tras un debate legislativo inusualmente breve.
Sheinbaum había criticado lo que considera un gasto excesivo en elecciones y partidos políticos, mientras que sus detractores —incluidos dos partidos menores dentro de su propia coalición gobernante— sostuvieron que la propuesta representaba un intento de concentrar poder.
El paquete de reformas proponía recortar en 25% el financiamiento público destinado a autoridades electorales y partidos políticos, además de eliminar los 32 senadores elegidos mediante el histórico sistema de representación proporcional. También buscaba modificar las reglas para elegir legisladores bajo ese mismo esquema en la Cámara de Diputados.
Los opositores advirtieron que los cambios al sistema de representación proporcional podían debilitar la democracia, al permitir que el partido gobernante Morena fortaleciera aún más su posición dominante en la política mexicana.
El rechazo de la reforma —postergada durante largo tiempo— no sorprendió, ya que en las últimas semanas los aliados de Morena habían dejado claro que no respaldarían la iniciativa. Rechazaban especialmente cualquier reducción del financiamiento público y la posibilidad de perder escaños en el Congreso. Morena por sí solo no cuenta con la mayoría de dos tercios necesaria para modificar la Constitución.
El líder de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, había reconocido incluso antes de que el proyecto fuera presentado hace un par de semanas que no había posibilidades reales de aprobarlo. Por ello, llamó a dar vuelta la página.
“No lograremos una súper mayoría, y yo no soy ni mago ni alquimista, soy realista”, dijo a periodistas la semana pasada. “Debemos cerrar el proceso, sea bueno o malo, exitoso o no, aprobado o rechazado, pero pasar la página y avanzar hacia otros instrumentos legislativos que sí puedan beneficiarnos”.
La reforma electoral había sido promovida durante años por el antecesor y mentor político de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien pese a su popularidad nunca logró aprobarla. López Obrador sostenía que instituciones como la Suprema Corte o el organismo electoral INE obstaculizaban la democracia en lugar de protegerla.
La tensión de AMLO con la autoridad electoral se remonta a su derrota ajustada en las elecciones presidenciales de 2006 y a su posterior derrota en 2012. En 2022 logró aprobar una reforma que recortaba el presupuesto del INE, pero la Suprema Corte la bloqueó por considerarla inconstitucional.
Durante el debate del martes por la noche, aliados del oficialismo advirtieron que no podían respaldar la propuesta, argumentando que se necesitaban más cambios para que tanto partidos grandes como pequeños se beneficiaran.
El año pasado, Sheinbaum había creado una comisión especial para elaborar la reforma electoral, encabezada por el dirigente de izquierda Pablo Gómez, una figura divisiva incluso dentro de Morena. Tras meses de trabajo, la comisión no logró presentar un proyecto aceptable para los aliados de la coalición, por lo que la propia presidenta decidió terminar de redactarlo.
Una derrota significativa
“La derrota es significativa porque demuestra que la coalición legislativa tiene límites, algo que quizá parecía impensable hace unos meses, y que Morena no negoció lo suficiente antes de presentar la iniciativa”, explicó Arantza Alonso, analista de la consultora de riesgo Verisk Maplecroft.
Sin embargo, Alonso considera que el revés legislativo no afectará la agenda de gobierno de Sheinbaum. “La reforma no está directamente relacionada con los temas que más preocupan a los ciudadanos, como la seguridad, la economía o la relación con Estados Unidos, por lo que su aprobación pública no debería verse muy afectada”.
En su última asamblea, los líderes de Morena habían presentado la reforma electoral como una prioridad legislativa, aunque también advirtieron que no debía poner en riesgo la supervivencia de la coalición de cara a las elecciones legislativas de 2027.
“Quizás es más importante que la coalición se mantenga unida y piense en las elecciones intermedias de 2027 que impulsar una reforma que divida a sus aliados”, señaló Juan Carlos Villarreal, politólogo de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Días antes de la votación, la propia Sheinbaum había comenzado a prepararse para un posible rechazo, señalando que ella había cumplido con enviar el proyecto y que ahora dependía de los legisladores renunciar o no a sus privilegios.
“Ahora depende de cada legislador”, dijo a periodistas el miércoles. “Estoy muy satisfecha de haber presentado la iniciativa; estoy cumpliendo un compromiso que hice con el pueblo”.
Como ha ocurrido con otras reformas rechazadas en el pasado —especialmente durante el gobierno de López Obrador— los legisladores de Morena ya hablan de un plan alternativo. La propia Sheinbaum confirmó horas antes de la votación final que, tras el resultado, presentará nuevas iniciativas.
“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal, y seguiremos defendiendo la democracia”, afirmó Monreal durante el debate. “Las ideas que nacen del pueblo tarde o temprano terminan convirtiéndose en ley”.

