JERUSALÉN/WASHINGTON — El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se encuentra en un rumbo de colisión frontal con el presidente estadounidense, Donald Trump, luego de que Washington y Teherán anunciaran un acuerdo interino para frenar la guerra en Medio Oriente, un giro diplomático que descoloca la estrategia política y militar de Israel.
Netanyahu, quien apostaba a que la ofensiva conjunta con EE. UU. derrocaría al gobierno clerical iraní y consolidaría su posición interna de cara a las próximas elecciones de otoño, enfrenta ahora el intento de Trump de desvincularse del conflicto armado. En privado, el malestar en Tel Aviv es absoluto. Un alto funcionario israelí, bajo condición de anonimato, calificó el borrador preliminar como «terrible para Israel», asegurando que existe consenso de rechazo total desde la jefatura de Gobierno hasta el Estado Mayor.
El proceso hacia el alto el fuego de 60 días, cuyo memorando de entendimiento se firmará este viernes en Suiza, ha estado marcado por duros choques entre ambos líderes debido a la negativa de Israel de detener sus operaciones contra Hezbolá en Líbano.
Fuentes diplomáticas revelaron que a principios de mes, Trump insultó fuertemente a Netanyahu durante una tensa llamada telefónica, ordenándole detener los bombardeos sobre Beirut mientras la Casa Blanca gestionaba el acercamiento con Irán. Aunque el mandatario israelí frenó los ataques ese día, reanudó las ofensivas en los suburbios de la capital libanesa una semana después, provocando represalias con misiles de Irán y una reprimenda pública de Trump hacia ambas partes.
A pesar de que el mediador Pakistán señaló que el pacto interino exige el cese permanente de operaciones en todos los frentes, Netanyahu desafió la postura estadounidense en una conferencia de prensa en Jerusalén: «Somos responsables de los intereses de seguridad de Israel. Mantendremos a nuestras fuerzas en el sur de Líbano y preservaremos la libertad de acción contra los ataques de Hezbolá», sentenció, reconociendo que sus visiones con Trump ya no coinciden plenamente.
Para Netanyahu, quien históricamente construyó su carrera presentándose ante el electorado como el único líder capaz de influir sobre el republicano Trump —exhibiendo incluso vallas publicitarias gigantes en campañas previas—, este pacto debilita su principal argumento político. Jonathan Rynhold, politólogo de la Universidad Bar-Ilan, apuntó que el primer ministro no podrá defender este acuerdo ante una opinión pública israelí cada vez más escéptica. Según un sondeo del Israel Democracy Institute, el porcentaje de israelíes que creen que Trump prioriza la seguridad de Israel cayó del 64% en marzo al 41%.
Altos cargos de la inteligencia de defensa admitieron que Israel fue «tomado por sorpresa» por los anuncios de Trump y reconocieron el nulo éxito de sus delegaciones para alterar el curso de las negociaciones en Qatar.
La administración Trump sostiene que el plazo de la tregua servirá para estructurar un acuerdo definitivo que resuelva el programa nuclear de Teherán. No obstante, las demandas iniciales para desmantelar el programa de misiles balísticos de Irán y cortar su financiamiento a milicias regionales han quedado fuera de la agenda actual.
Funcionarios israelíes prevén que el pacto interino de 60 días sea extendido a 90 días para mantener congelada cualquier acción militar de Israel mientras las fuerzas estadounidenses permanecen desplegadas. Ante este escenario, el ministro de Energía de Israel, Eli Cohen, advirtió a la radiodifusora pública Kan que su país está preparado para actuar de manera unilateral si Teherán intenta reactivar sus capacidades atómicas o de misiles de largo alcance durante el proceso.

