WASHINGTON.— Un alto funcionario de seguridad de la administración del presidente estadounidense Donald Trump renunció el martes en medio de la guerra con Irán, al sostener que el país no representaba una amenaza inminente para Estados Unidos.
Joe Kent, quien se desempeñaba como jefe del Centro Nacional de Contraterrorismo, es el primer funcionario de alto rango en dejar su cargo por el conflicto, que ya entra en su tercera semana.
“No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en curso contra Irán. Irán no representaba una amenaza inmediata para nuestra nación, y es claro que iniciamos esta guerra bajo presión de Israel y su poderoso lobby en Estados Unidos”, escribió Kent en una carta difundida en redes sociales.
Algunos expertos sostienen que la existencia de una amenaza inminente es un requisito clave bajo el derecho internacional para justificar el inicio de una guerra por parte de Estados Unidos.
Desde la Casa Blanca rechazaron los argumentos del funcionario. La vocera Karoline Leavitt afirmó que la carta contenía “afirmaciones falsas” y aseguró que Trump contaba con evidencia “fuerte y convincente” de que Irán planeaba atacar primero.
Kent no respondió a pedidos de comentarios, al igual que la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, de la cual depende el centro que dirigía.
El ahora exfuncionario era conocido por su postura “America First” y su oposición a intervenciones militares en el exterior, lo que hace más consistente su ruptura con la estrategia actual. Aun así, su salida tomó por sorpresa a parte del gobierno.
Kent mantiene cercanía con la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien ha mantenido un bajo perfil desde el inicio del conflicto.
Informes del Consejo Nacional de Inteligencia —previos y posteriores a los ataques— ya advertían sobre los riesgos de la intervención: señalaban que el régimen iraní difícilmente colapsaría y que era esperable una respuesta contra intereses estadounidenses en la región y aliados del Golfo.
La renuncia también reaviva tensiones políticas internas. El senador demócrata Mark Warner, crítico previo de Kent, coincidió en este punto: “No había evidencia creíble de una amenaza inminente por parte de Irán que justificara llevar a Estados Unidos a otra guerra”.
Kent también había estado en el centro de controversias políticas por sus vínculos con figuras de extrema derecha, aunque posteriormente se distanció de esas posiciones.
El episodio deja expuesta una grieta dentro del propio aparato de seguridad estadounidense sobre el fundamento de la guerra y, más relevante aún, sobre la calidad de la inteligencia que la respalda.

