LIMA.— El Congreso de la República del Perú recibió este miércoles tres pedidos de destitución contra el presidente José Jerí, acusado de presuntos actos de corrupción por reuniones secretas con un empresario chino que no fueron registradas oficialmente, pese a ser obligatorias por ley. Las iniciativas cuentan con respaldo transversal, desde la izquierda hasta la derecha.
La ofensiva parlamentaria se da en un gobierno de transición, tras la destitución de Dina Boluarte en octubre, y vuelve a colocar al Ejecutivo al borde de una crisis institucional. El caso se ve agravado por el estatus jurídico de Jerí, que mantiene la presidencia del Congreso mientras ejerce como jefe del Estado, una dualidad que simplifica una eventual salida del cargo.
Las tres mociones, presentadas el miércoles, superaron el umbral mínimo de firmas para su admisión. Una de ellas fue impulsada por la congresista Ruth Luque, del bloque Juntos por el Perú, quien cuestionó la falta de registro de los encuentros y las versiones contradictorias ofrecidas por el mandatario. Luque advirtió, además, sobre la posibilidad de un blindaje político, como —según afirmó— ocurrió con la anterior administración.
Las acusaciones se apoyan en investigaciones periodísticas que señalan dos encuentros de Jerí con el empresario Zhihua Yang en Lima: el 26 de diciembre, en un restaurante, y el 6 de enero, en una tienda de su propiedad. Ninguno figura en la agenda oficial. Imágenes de cámaras de seguridad muestran al presidente ingresando encapuchado y con ropa deportiva al restaurante y accediendo con gafas de sol a la tienda, que estaba clausurada por orden municipal.
Yang tiene negocios en construcción, energía e importaciones y vínculos profesionales con figuras del ámbito político. Tras la difusión del caso, Jerí ofreció al menos tres explicaciones distintas sobre el motivo de las reuniones y terminó negando cualquier ilícito.
Jerí asumió la presidencia por sucesión constitucional el 10 de octubre, pero no dejó formalmente la jefatura del Congreso. Esa doble condición acelera el mecanismo de reemplazo: al pleno le bastaría elegir un nuevo titular de la Mesa Directiva, que asumiría automáticamente la Presidencia, sin pasar por una vacancia presidencial ordinaria.
En síntesis: reuniones no declaradas, videos incómodos y apoyos cruzados. En Lima, la política volvió a ponerse en modo “crisis”, y el reloj institucional corre rápido.

