WASHINGTON.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, dijeron que mantuvieron una reunión cordial en su primer encuentro cara a cara, desafiando los temores de algunos analistas y asesores que dudaban de que ambos pudieran llevarse bien, dado que habían intercambiado críticas durante meses y representan ideologías radicalmente distintas.
Petro llegó a la Casa Blanca sin el despliegue público que se concede a algunos líderes extranjeros, y no se permitió el acceso de la prensa a la reunión, que duró alrededor de dos horas.
En declaraciones separadas posteriores, ninguno de los dos afirmó claramente que se hubieran ido con acuerdos concretos, pero ambos hablaron del encuentro en términos positivos.
Consultado por periodistas sobre si habían alcanzado un acuerdo para contrarrestar los flujos de narcóticos procedentes de Colombia, Trump respondió que ambos líderes estaban trabajando en ello.}
“Sí, lo hicimos”, dijo Trump. “Trabajamos en eso y nos llevamos muy bien. Él y yo no éramos exactamente los mejores amigos, pero no me sentí insultado porque nunca lo había conocido. No lo conocía en absoluto”.
Tras la reunión, Petro publicó en X una foto con una nota aparentemente escrita a mano por Trump con las palabras: “Gustavo – Un gran honor – Amo a Colombia”. También incluía una imagen de ambos líderes dándose la mano y sonriendo.
“Lo que yo percibía o veía a través de la prensa y las redes sociales, que parecía contradecir mis ideas, no lo vi allí. Creo que esas contradicciones estaban más con otros funcionarios que con él”, dijo Petro en una entrevista con la emisora colombiana Caracol.
Petro señaló que pidió a Trump ayuda para capturar a grandes narcotraficantes que viven fuera de Colombia.
Añadió que solicitó al presidente estadounidense que mediara en una disputa diplomática entre Colombia y el vecino Ecuador, cuyo presidente, Daniel Noboa, es un firme aliado de Trump. Trump aceptó llamar a Noboa, según Petro.
LOS LÍDERES SE HAN CRITICADO ENTRE SÍ
Trump, que ha expresado su deseo de una primacía estadounidense sobre toda América Latina, ha mantenido en los últimos meses una relación irregular con Petro, un exguerrillero antiimperialista elegido presidente de Colombia en 2022.
En octubre, Trump calificó a Petro como un “líder narco ilegal”, sin aportar pruebas, y en enero insinuó una acción militar contra el histórico aliado, al que acusa de no controlar el narcotráfico.
Petro ha sido duramente crítico de Trump. Dijo que los ataques letales de la administración Trump contra supuestas lanchas del narcotráfico constituyen crímenes de guerra y describió la operación estadounidense del mes pasado que depuso al líder venezolano Nicolás Maduro como un “secuestro”.
En enero, ambos líderes mantuvieron una llamada telefónica que describieron positivamente, un deshielo sorpresivo que derivó en la invitación de Petro a Washington. Trump dijo el lunes a los periodistas que el tono de Petro había cambiado últimamente, dando a entender que se había vuelto más complaciente tras la incursión contra Maduro.
“EL DISEÑO FUE ESPECTACULAR”
Para los líderes extranjeros, las reuniones con Trump pueden ser tensas, y muchos han recurrido a la adulación para minimizar fricciones con el presidente y sus asesores. Aunque estaba lejos de ser evidente que Petro —quien se ha posicionado como una espina en el costado de Washington durante casi toda su carrera— optara por ese camino, finalmente terminó haciéndolo.
En una foto difundida por la Casa Blanca, se ve a un asesor de Petro sosteniendo un folleto que decía: “COLOMBIA: el aliado número 1 de Estados Unidos contra los narcoterroristas”.
En la entrevista radial posterior al encuentro, Petro elogió efusivamente las remodelaciones del Despacho Oval realizadas por Trump, que consistieron principalmente en añadir abundantes cantidades de pan de oro.
“Esta vez estaba más hermoso. Le dije que era un buen diseñador”, dijo Petro. “El diseño fue espectacular”.
Trump comentó a los periodistas que ambos líderes estaban trabajando en sanciones, sin dar detalles. El propio Petro está bajo sanciones de Estados Unidos —impuestas por la administración Trump en octubre— por presuntos, aunque no probados, vínculos con el narcotráfico, acusaciones que Petro ha negado.
Si los líderes no hubieran logrado un acercamiento más duradero, ello podría haber tenido profundas implicancias para la seguridad regional, señalaron analistas.
Colombia es el mayor productor mundial de coca, el principal insumo de la cocaína, y en el país operan varias organizaciones designadas como terroristas por Estados Unidos. Pero también ha sido uno de los aliados más firmes de Washington en la región, colaborando estrechamente con administraciones sucesivas para frenar los flujos de drogas hacia el norte.
Bajo el gobierno de Petro, la producción de coca en Colombia ha aumentado, aunque las cifras exactas son objeto de disputa. Bogotá sostiene que, si bien el gobierno se alejó de la erradicación forzada —una política que puede perjudicar a los agricultores de subsistencia—, incrementó las incautaciones y los esfuerzos de interdicción más sofisticados.
La semana pasada, Petro instó a los migrantes colombianos a regresar desde Chile, Argentina y Estados Unidos para no ser tratados como “esclavos”. También dijo que es mejor vivir en La Habana que en Miami, ciudad que describió como congestionada por el tráfico y carente de cultura.

