NUEVA YORK.— Un “rate check” de la Fed aviva expectativas, pero complica una intervención coordinada para frenar al yen
Una inusual consulta de tasas (“rate check”) realizada por la Federal Reserve Bank of New York desató un repunte del yen —históricamente débil— y bajó el umbral para una eventual intervención. Sin embargo, una venta coordinada de dólares entre Japón y Estados Unidos sigue viéndose poco probable en el corto plazo, según analistas.
El movimiento de la Fed el viernes fue la señal más fuerte hasta ahora de coordinación entre autoridades japonesas y estadounidenses para contener la depreciación de la moneda, manteniendo a los mercados en alerta máxima. Aun así, los expertos advierten que el paso desde un rate check hasta una intervención conjunta directa es largo, en parte por consideraciones internas en EE. UU.
“Las intervenciones coordinadas del pasado ocurrieron en circunstancias muy excepcionales, como crisis financieras o grandes desastres naturales”, señaló Junya Tanase, estratega jefe de divisas de Japón en JPMorgan. “La distancia entre un rate check conjunto y una intervención coordinada es grande”.
Por ahora, el solo temor a una intervención alcanzó para alejar al yen de mínimos de 18 meses, dando algo de alivio a Tokio ante el impacto inflacionario de la debilidad cambiaria.
Una coordinación que viene de lejos
El rate check no fue un hecho aislado. Funcionarios involucrados indican que es la culminación de cinco años de gestiones de Japón para lograr una declaración bilateral —firmada el año pasado— que autoriza el uso de la intervención cambiaria ante volatilidad excesiva.
La ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, reiteró su alineamiento con el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent. El 16 de enero endureció el tono al advertir que Japón actuará con decisión contra movimientos especulativos del yen y que “ninguna opción está descartada”.
Washington también tuvo incentivos para sumarse a los esfuerzos: la turbulencia castigó al yen y a los bonos soberanos japoneses, con derrame hacia el mercado de Treasuries. En Davos, Bessent reconoció que era “muy difícil desagregar” la reacción global de lo que ocurría endógenamente en Japón.
Días después, el gobernador del Bank of Japan, Kazuo Ueda, subrayó la disposición del banco a coordinar con el gobierno para contener subas abruptas de rendimientos, incluso con compras de emergencia de bonos.
EE. UU., cauteloso con el “Sell America”
La retórica surtió efecto por ahora: el yen tocó el lunes 153,89 por dólar, máximo de dos meses, lejos del 160 que el mercado percibe como “línea roja” para intervenir. El rendimiento del bono a 10 años bajó 1 pb a 2,225%.
La gran incógnita es si habrá acción conjunta. “En la práctica, EE. UU. probablemente no quiera comprar una moneda que se depreció cinco años seguidos”, dijo Shota Ryu, de Mitsubishi UFJ Morgan Stanley Securities. “Podría cooperar en una intervención pequeña, pero no con impacto duradero”.
Intervenir tiene costos: Japón debería vender parte de sus Treasuries para sostener compras de yen, presionando al alza los rendimientos en EE. UU., algo poco deseable con mercados volátiles. El umbral para una intervención conjunta es aún mayor. Aunque el presidente Donald Trump suele preferir un dólar débil, más caídas podrían reavivar el “Sell America”, en un contexto de preocupaciones por la desdolarización.
El BOJ, entre la espada y la pared
Incluso con aval estadounidense, Japón necesitaría el visto bueno del G7 para intervenir. La última acción coordinada fue en 2011, tras el terremoto y tsunami. “La situación hoy es muy distinta”, recordó Yoshihiko Noda, aludiendo a dudas del mercado sobre la política fiscal.
El BOJ enfrenta un dilema: contener caídas del yen sin provocar un salto de rendimientos con un discurso demasiado hawkish. Ueda admitió que las tasas largas suben “a un ritmo bastante rápido”, pero evitó detallar si habrá compras de emergencia o cambios en el taper.
“Si el BOJ señalara más compras de bonos, bajaría las tasas largas y debilitaría el yen”, explicó Hiroyuki Machida (ANZ). “Además, casi todo el arco político pide recortes de impuestos. Todo eso mantiene al yen bajo presión”.
Conclusión: el rate check acercó la intervención, pero la coordinación plena sigue lejos. Por ahora, la amenaza mueve el mercado; la acción, no.

