WALL STREET.— La venta por USD 5.800 millones de la participación de SoftBank Group en Nvidia sacudió a los mercados bursátiles este martes, alimentando los temores de que el frenesí en torno a la inteligencia artificial haya alcanzado su punto máximo, especialmente tras las recientes advertencias de los grandes bancos de Wall Street y de un célebre vendedor en corto.
En su informe trimestral, el conglomerado tecnológico japonés informó que había vendido en octubre las 32,1 millones de acciones de Nvidia que poseía para financiar la ambiciosa apuesta en inteligencia artificial de su CEO, Masayoshi Son, centrada en su estrategia “all in” junto a OpenAI, creadora de ChatGPT.
SoftBank destinará los fondos a iniciativas como el proyecto Stargate, de USD 500.000 millones, para ampliar la capacidad de centros de datos en Estados Unidos, y hasta USD 40.000 millones de financiamiento a OpenAI, cuyos detalles no fueron precisados.
Sin embargo, el momento de la venta aumentó las dudas entre los inversores sobre si las valuaciones de la industria de la IA no se han adelantado demasiado a sus fundamentos. Las acciones de Nvidia caían más de 2% en las primeras operaciones, presionando al índice S&P 500, mientras que CoreWeave, proveedor de servicios en la nube para IA, recortó su previsión de ingresos por el retraso en un contrato, lo que hundió su acción 9%.
Las advertencias sobre una posible burbuja de IA se intensificaron en las últimas semanas, luego de que los CEO de Morgan Stanley y Goldman Sachs alertaran sobre una posible corrección bursátil, y el gestor Michael Burry —famoso por apostar contra el mercado inmobiliario antes de la crisis de 2008— apostara en contra de Nvidia y Palantir.
Varios analistas interpretaron la venta como una señal de que Son, uno de los inversores más audaces del sector tecnológico, considera que el vertiginoso rally que convirtió a Nvidia en la primera empresa de USD 5 billones podría estar enfriándose, tras una suba del 1.200% en tres años.
No obstante, otros recordaron el historial irregular de SoftBank en la gestión de sus acciones de Nvidia. Según estimaciones, la compañía se perdió una ganancia potencial de más de USD 100.000 millones al venderlas en 2019, antes del auge de la IA, para luego recomprarlas tiempo después.
“En cuanto al timing, no se puede decir que Masayoshi Son haya sido brillante con sus operaciones en Nvidia”, dijo C. J. Muse, director gerente senior de Cantor Fitzgerald. “Parece más bien una reasignación de recursos: liberar fondos para apostar en otros frentes”.
Junto con la venta de Nvidia, SoftBank se desprendió también de USD 9.200 millones en acciones de T-Mobile, dotando a Son de un mayor margen financiero para influir en un sector ávido de capital y chips para impulsar la próxima generación de tecnología de inteligencia artificial.
“Al hacer caja ahora, asegura el capital necesario para redoblar su convicción en las aplicaciones de IA y la infraestructura masiva detrás de ellas —OpenAI, Oracle y el proyecto Stargate—”, explicó Michael Ashley Schulman, director de inversiones de Running Point Capital Advisors.
Sin embargo, la creciente apuesta por OpenAI también ata más estrechamente a SoftBank —que ha sufrido enormes pérdidas con su Vision Fund— a una startup en el centro de una serie de operaciones circulares que han despertado inquietud por una burbuja en formación.
Las acciones de la firma japonesa, que se han más que duplicado en el año, están siendo valoradas cada vez más en función de su exposición a OpenAI. El papel subió el mes pasado tras la reestructuración interna de la startup, que la liberó de sus raíces sin fines de lucro.
OpenAI evalúa una salida a bolsa de hasta USD 1 billón el próximo año, lo que representaría una ganancia extraordinaria para inversores como Microsoft y SoftBank, según informó Reuters.
El alza en la valuación de OpenAI impulsó además el beneficio neto de SoftBank en el segundo trimestre, que más que se duplicó. Aun así, OpenAI no ha precisado cómo planea financiar sus acuerdos de infraestructura, que rondan los USD 1,4 billones, aunque prevé cerrar el año con USD 20.000 millones de ingresos recurrentes anuales y recientemente rectificó sus comentarios sobre la necesidad de préstamos respaldados por el gobierno.
“El pasado accidentado del Vision Fund le da a esta desinversión un aire de partida de póker de alto riesgo”, concluyó Schulman.

