MOSCÚ.- El fuego sigue consumiendo las grandes llanuras siberianas. Durante los primeros días hubo un gran cubrimiento mediático, pero la llegada de los gigantescos incendios en la Amazonía silenciaron la situación del Lejano Oriente.
Las autoridades rusas temen no poder controlar la totalidad de las llamas hasta entrado febrero.
Si bien es cierto que los incendios en Siberia son un fenómeno habitual y se autorregulan gracias a los cambios del viento y las precipitaciones, el fuego de los últimos años es cada vez más frecuente y mucho más resistente, lo que se convirtió en un gran problema para las vastas y frías regiones cercanas al Ártico. Esto podría desembocar en un gran desastre climático.
En los primeros ocho meses del año, la superficie total afectada por el fuego en Rusia se estima en más de diez millones de hectáreas, de ellas la mayoría en Siberia y en el Lejano Oriente ruso, de acuerdo con datos aportados por el Servicio de Protección Aérea de Bosques.
El impacto de las llamas, que llegaron a ocupar la extensión de países como Armenia, Bélgica o El Salvador, se sintió en zonas pobladas. Incluso el denso humo llegó a grandes ciudades como Novosibirsk y Krasnoyarsk donde los habitantes fueron evacuados.
Si bien, los esfuerzos y las condiciones meteorológicas han mejorado en las últimas semanas, lo cierto es que el escenario sigue siendo complejo y los daños y sus consecuencias aún están por cuantificarse.
En ese sentido, si se añaden los incendios que se produjeron en la primavera y a principios de julio, la extensión quemada es de casi 11 millones de hectáreas, 11 veces más de las que se quemaron en Brasil durante todo el 2018.
Siberia vs Amazonía
Hay diferencias muy marcadas entre los incendios de uno y otro lado del planeta (Siberia y la Amazonía). Sin duda, el espacio que ocupan es la más relevante.
Pero también está el espectro político de los gobernantes responsables de su manejo, la atención que reciben por parte de los medios de comunicación, de líderes de opinión, gobernantes reunidos en cumbres globales y hasta los modos de combatirlos son diferentes. Los incendios en la Amazonía se intentan apagar, los de Siberia no.
Gran parte de los incendios en la extensa y fría región rusa se dejan a merced del viento, de la orografía y de las lluvias. Vladimir Putin decidió optar por una antigua lista de instrucciones de tiempos soviéticos sobre el manejo de incendios en los bosques siberianos.
La normativa faculta a las autoridades locales para que dejen sin apagar los fuegos que afectan a su territorio a menos que se justifique que es económicamente rentable extinguirlos. En otras palabras, si apagar un conato de incendio va a costar a las arcas del Estado más dinero de lo que se perderá por la quema de los árboles, la instrucción es “no hacer nada por apagarlo”.
Más allá de las actuaciones de un gobierno, los incendios en Siberia, como los de la Amazonía y el resto del planeta, deberían ser tema de preocupación de toda la comunidad internacional. Solo con una mayor cooperación y actuaciones conjuntas es posible resolver un asunto del que depende la vida en la Tierra.

