TEHERÁN.— Irán designó este lunes a Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo tras la muerte de su padre, Ali Khamenei, en uno de los primeros ataques contra el país.
El nombramiento confirma que el ala más dura del régimen continuará al mando en medio de la guerra que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel y que ya lleva diez días de escalada militar en la región.
La decisión fue tomada por la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por 88 clérigos encargado de elegir al sucesor del líder supremo. El cargo concentra la máxima autoridad política y religiosa en la República Islámica y otorga la última palabra sobre todas las decisiones de Estado.
Tras el anuncio, distintas instituciones del régimen iraní, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores hasta legisladores y organismos de defensa, expresaron públicamente su lealtad al nuevo líder. “Obedeceremos al comandante en jefe hasta la última gota de nuestra sangre”, afirmó el Consejo de Defensa en un comunicado.
Mojtaba Khamenei, clérigo con fuerte influencia en las fuerzas de seguridad y amplias redes económicas construidas durante el liderazgo de su padre, era considerado uno de los principales candidatos antes de la votación.
El nombramiento también reavivó la tensión internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había rechazado previamente su posible designación y aseguró que Washington debería tener influencia en el proceso. “Si no obtiene nuestra aprobación, no va a durar mucho”, declaró en una entrevista con ABC News, al tiempo que señaló que el final de la guerra debería ser una decisión “mutua” con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Mientras tanto, el conflicto militar continúa expandiéndose en Medio Oriente. El ejército israelí informó que inició una nueva ola de ataques en el centro de Irán y también golpeó infraestructura vinculada a Hezbollah en Beirut. En paralelo, ataques con misiles y drones se registraron cerca de instalaciones estadounidenses en Irak, aunque varios fueron interceptados por sistemas de defensa.
La escalada también alcanzó infraestructura energética en la región. Un ataque con drones impactó en las cercanías de la refinería Bapco en Bahréin, lo que obligó a la empresa energética a declarar fuerza mayor en sus operaciones.
El conflicto ya dejó al menos 1.332 civiles iraníes muertos y miles de heridos, según el embajador de Irán ante las Naciones Unidas.
En paralelo, la guerra generó un fuerte shock en el mercado energético global. El petróleo se disparó más de 25% en una sola jornada, impulsado por el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde transita cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado.
Los futuros del Brent treparon hasta u$s 117,65 por barril, mientras que el WTI estadounidense superó los u$s 116, en lo que podría convertirse en el mayor salto diario registrado para el crudo.
El encarecimiento de la energía golpeó a los mercados financieros globales. Las bolsas asiáticas registraron fuertes caídas, con el índice Nikkei de Japón retrocediendo 5,8% y el mercado de Corea del Sur cayendo 6,5%, en medio del temor a un impacto inflacionario global y a interrupciones prolongadas en el suministro energético.
Ante este escenario, los ministros de Finanzas del G7 evaluarán liberar petróleo de las reservas estratégicas para estabilizar el mercado si la crisis se profundiza.

