MOSCÚ.— Las autoridades rusas han confiscado activos por un valor estimado de 50.000 millones de dólares en los últimos tres años, lo que subraya la magnitud de la transformación hacia un modelo económico de “Rusia fortaleza” durante la guerra en Ucrania, según reveló una investigación publicada este miércoles.
El conflicto ha estado acompañado por una significativa transferencia de activos, ya que muchas empresas occidentales abandonaron el mercado ruso, otras vieron sus bienes expropiados y algunos activos de grandes compañías rusas fueron incautados por el Estado.
En respuesta a lo que Rusia calificó como acciones ilegales de Occidente, el presidente Vladímir Putin firmó decretos en los últimos tres años que permiten la incautación de activos occidentales, afectando a empresas que van desde la alemana Uniper hasta la cervecera danesa Carlsberg.
Además de los activos occidentales, importantes empresas locales cambiaron de manos mediante distintos mecanismos legales, que incluyeron argumentos como la necesidad de asegurar recursos estratégicos, denuncias de corrupción, supuestas violaciones en procesos de privatización o una gestión deficiente.
El estudio del bufete de abogados moscovita NSP (Nektorov, Saveliev & Partners) indicó que el volumen de lo que denominó “nacionalización” ascendió a 3,9 billones de rublos en tres años, e incluyó una lista de las empresas involucradas.
La investigación fue reportada por el diario Kommersant, uno de los más importantes de Rusia, que señaló que esto ejemplifica el modelo económico de “Rusia fortaleza”.
La disolución de la Unión Soviética en 1991 dio lugar a esperanzas de que Rusia se transformara en una economía de libre mercado integrada al sistema global, pero la corrupción masiva, el caos económico y el crimen organizado erosionaron la confianza en el capitalismo democrático durante los años 90.
Durante sus primeros ocho años en el poder, Putin respaldó las libertades económicas, enfrentó a algunos oligarcas y presidió un crecimiento económico significativo: el PBI pasó de 200.000 millones de dólares en 1999 a 1,8 billones en 2008.
Entre 2008 y 2022, la economía creció hasta los 2,3 billones de dólares, aunque las sanciones occidentales la golpearon con fuerza tras la anexión de Crimea en 2014, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Aunque la economía rusa ha rendido mejor de lo esperado durante la guerra en Ucrania, su tamaño nominal en dólares en 2024 fue de solo 2,2 billones, según el FMI, muy por debajo de China, la Unión Europea o Estados Unidos.
Funcionarios rusos afirman que la guerra en Ucrania —el mayor enfrentamiento con Occidente desde la Guerra Fría— ha exigido medidas extraordinarias para evitar lo que describen como un intento occidental claro de hundir la economía rusa.
Putin sostiene que la salida de las empresas occidentales ha permitido que los productores locales ocupen su lugar y que las sanciones han impulsado el desarrollo del empresariado nacional. Ha pedido un “nuevo modelo de desarrollo” alejado de la “globalización obsoleta”.
Sin embargo, la economía de guerra, orientada a la producción de armamento y a sostener un conflicto prolongado con Ucrania, ha fortalecido el rol del Estado —y de los funcionarios que lo manejan— en detrimento del poder de las empresas privadas rusas.
Actualmente, los fiscales rusos buscan confiscar la participación mayoritaria del multimillonario Konstantin Strukov en la importante productora de oro Uzhuralzoloto (UGC) para que pase a manos del Estado.
Más de mil compañías —desde McDonald’s hasta Mercedes-Benz— han abandonado Rusia desde el inicio de la guerra en febrero de 2022, ya sea vendiendo sus operaciones, entregando el control a gerentes locales o simplemente abandonando sus activos.

